domingo, 8 de julio de 2012
A QUIÉN AMAR?
¿A quiénes amar?
A todos mis hermanos de humanidad. Sufrir con sus fracasos, con sus miserias, con la opresión de
que son víctimas. Alegrarme de sus alegrías.
Comenzar por traer de nuevo a mi espíritu todos aquellos a quienes he encontrado en mi camino:
aquellos de quienes he recibido la vida, quienes me han dado la luz y el pan. Aquellos con los cuales he
compartido techo y pan. Los que he conocido en mi barrio, en mi colegio, en la Universidad, en el cuartel, en
mis años de estudio, en mi apostolado... Aquellos a quienes he combatido, a quienes he causado dolor,
amargura, daño. A todos aquellos a quienes he socorrido, ayudado, sacado de un apuro... Los que me han
contrastado, me han despreciado, me han hecho daño. Aquellos que he visto en los conventillos, en los
ranchos, debajo de los puentes. Todos ésos cuya desgracia he podido adivinar, vislumbrar su inquietud.
Todos esos niños pálido, de caritas hundidas... Esos tísicos de San José, los leprosos de Fontilles... Todos los
jóvenes que he encontrado en un círculo de estudios... Aquellos que han enseñado con los libros que han
escrito, con la palabra que me han dirigido. Todos los de mi ciudad, los de mi país, los que he encontrado en
Europa, en América... Todos los del mundo: son mis hermanos.(San Alberto Hurtado SJ. Apuntes personales )
Esta interrogante del Padre hurtado nos plantea la interrogante desde aquellos años...¿A quiénes amar?...Puede parecer fácil, pero en verdad ¿a quiénes amar?...
Desde un punto de vista Cristiano puede que la respuesta esté más cerca de lo que nuestros agitados corazones pueden imaginar, si es que en alguna manera se lo imaginan; pero la interrogante un poco más profunda viene dada de la misma pregunta, pero en singular...¿A quién amar?...¿A quién realmente podemos confiar nuestro corazón?...¿Cómo saber quién realmente merece tamaña confianza, de ser partícipe de nuestras vidas y de los más preciado que tenemos?...¿A quién amar? ¿Cómo dejar de equivocarnos?¿Cómo hemos de saber quién es la persona que de veras nos acompañará el resto de nuestras vidas?...De todo corazón, me gustaría que esa pregunta fuese un poco más fácil que la interrogante que se planteaba nuestro Santo...
Es que a veces a quien decidimos amar, es quién más fuerte nos golpea,puesto que nos hace vulnerables e indefensos...Al parecer nuestros sentimientos dejan de funcionar en sincronía con nuestro corazón;dándole a este último las riendas de nuestra vida...
En estas circunstancias la vida parece ser una montaña rusa con altibajos y vueltas que no hacen más que desconcertarnos y hacer más difícil esta decisión.
¿A quién amar? Sigo sin saberlo, al parecer es mejor no hacerlo de esa manera romántica;sino más bien de la manera que lo plantea San Alberto Hurtado,Cristiana, altruista y lejos de esperar que alguien llene nuestros corazones de la manera que nosotros creemos que lo harán...Tal vez,ese espacio sólo puede ser llenado por Dios, o quien sabe, por nosotros mismos...
miércoles, 20 de junio de 2012
CERRANDO CICLOS
Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los por qué, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas" por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones? , ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
